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21 marzo 2009

¿Todoscontrasojopuntocom?


Por Jorge Sayegh

Desde el Mundial pasado, hasta el tercer juego de Venezuela en esta segunda edición, todo era pura crítica contra el petareño que tiene unos cuantos anillos de Serie Mundial gracias a los Yanquis. Pero después de ganarle a los gringos en la revancha, nos reconciliamos todos, incluso con Sojo y Víctor Zambrano que lanzó una joya (excepto con Maglio que está ¿jodido? por golillero y jalabolas).

Debo advertir que, personalmente, nunca había criticado al mánager de Venezuela, ni en el primer Mundial, ni en este. Creo que entonces hizo lo que pudo, pero si los caballos muertearon y no le daban ni a un melón, ¿qué carajo podía hacer él mientras escupía semillas de girasol desde el dogout?

En esta segunda edición tampoco pudo hacer nada cuando su “segundo abridor en el mismo juego” (por esas reglas anómalas de este mundial) salió bolero. Mientras calentaba en el bullpen (al que también reventaron uno tras otro) se nos iba el juego.

Sin embargo, hoy estoy enrollado.


Carlos Silva hizo dos excelentes trabajos frente a Italia y Holanda. Pero, por más que le hayan echado bolas, que Holanda haya eliminado a Dominicana, que no hay rival pequeño, ninguna de las dos selecciones tenía un lineup de temer. Para un pitcher que lanza strikes sin mucha maña, eso es un paraíso. Pero los coreanos son eficientes, habilidosos, experimentados. Saben hacer contacto y tienen velocidad. Para un pitcher que lanza strikes sin maña, eso puede ser un infierno.

Tenemos sólo una fecha virtual y una real. Si hoy no ganamos todo se va pa´la mierda. Venezuela tiene apenas dos lanzadores de alto nivel: Felix Hernández y Armando Galarraga. Ambos son dos caballos, ambos están calientes y ambos pueden hacer ¡100 lanzamientos! ¡¿Por qué carajo no son nuestros dos abridores para los dos grandes partidos que nos quedan?!

Usted me perdona querido lector, pero la angustia me abruma y no quiero ser “pájaro de mal agüero” —como dijo el tarado de Antonio Ledezmasaurio en la manifestación de apoyo a Manuel Rosales, el maracucho retrógrado (cualquiera que haya sido gobernador de un estado e inmediatamente después sea alcalde de la capital de ese mismo estado merece el apelativo) quien será encarcelado en calidad de “político preso”, que es como le gusta a este gobierno llamar a los presos políticos—, pero los coreanos no son tan fáciles, si cabe el término, como los holandeses e italianos.

En cualquier caso, creo que los gordos escupidores están de muy buen ánimo, dedicados a su trabajo, confiados en sí mismos, no en sus laureles, apoyándose como equipo, concentrados en la meta que es ¡el campeonato del mundo, Pinky!

Creo que hoy va a ser un gran día. Ojala y no perdamos porque me voy a arrechar.

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15 marzo 2009

El "Mundial" es de pinga... cuando ganamos

Por Jorge Sayegh

La Vinotinto.

Enunciado extraño aplicado al béisbol. Solemos llamar Vinotinto a la suma de once metrosexuales en shortcitos que juegan a la Cenicienta y que siempre, después de coquetear con el príncipe, son echados de la fiesta tras las doce campanadas que hace sonar el resto de los invitados.

Zapatico de cristal quebrado mediante, el fútbol no es lo nuestro.

En cambio, nuestros gordos escupidores son respetados por los rivales de esa actividad deportiva profesional donde los jugadores se enfrentan con un palo en la mano.

Y los gordos están ganando.

La intención del “Clásico” “Mundial” de “Béisbol” es convertirse en una competencia similar al Mundial de Fútbol. Jé. Pero es en serio. Después del Mundial (que se llama así: Mundial, y punto) no hay ningún otro deporte en el que jueguen profesionales que pretendan convertirse en sustitutos del enfrentamiento marcial entre naciones. Por lo menos ninguno que le interese a nadie. O a usted, querido lector, le importa un carajo el campeonato mundial de ¿vóleibol?

¿Cuál es el argumento más poderoso para que una actividad deportiva marginal pretenda tamaña gesta?

Los reales.

En el mundo millonario del deporte rentado uno de los que mejor paga a sus jugadores es el béisbol. Y el público y el mercado son enormes: en el Caribe es un negoción y en Japón más productivo que en el imperio mesmo, donde las Grandes Ligas quieren erigirse en una suerte de FIFA del béisbol.

El problema es que las Grandes Ligas no son una federación, sino un negocio monopólico. Por eso tanto celo. Que si sólo 50 lanzamientos. Que ahora 70, pero poquito a poco. Que ¡¿cómo se te ocurre que vas a ir a cansarte el brazo en ese mundialucho a ver si te me lesionas, tú que eres mi abridor del juego inaugural al que le pago 20 millones de dólares por año, en año de crisis?!

Así que ni Santana ni Zambrano fueron al “Clásico”. ¿Usted se imagina, mi querido lector, una selección de Argentina sin Mesi a pesar de que esté sano? Entonces uno piensa: ¿Y si mejor que no hayan ido? Santana y Zambrano no ganaron ninguno de los juegos del “clásico” pasado. De hecho, Santana perdió los dos que abrió.

Este torneo tiene problemas. Hay reglas que van tan directamente contra la esencia del béisbol que ni en Criollitos se atreverían a proponerlas. Está tan mal estructurado que Venezuela va a jugar por tercera vez contra Estados Unidos y pudieron jugar cuatro veces si ambos equipos hubiesen tenido que definir nuevamente el primer lugar del grupo, e incluso una quinta, si después llegaran a disputar la final. Algo absurdo en un campeonato mundial donde se trata de confrontar distintas selecciones, estilos y escuelas.

Pero Venezuela ya le ganó a los Estados Unidos.

En el “Clásico” Mundial de Beísbol.

Al inventor de ese deporte.

Profesional.

Y estaban en juego no sólo el honor deportivo, ni el orgullo machista, ni definir quién quedaba en el primer lugar del grupo. Sino trescientos mil dólares. Dólares fuertes (todos ellos siempre lo son) que se los arrebatamos a punta de batazos, lanzamientos quebrados y carácter callejero al equipo All Big Stars capitaneados por Derek Jeter.

Ya nadie dice que Sojo es un mamahuevo. Que Abreu se emborracha en su cumpleaños. Nadia abuchea a Maglio por chavista (bueno, mentira, eso sí lo siguen haciendo). Ahora soñamos que podemos ganar. Ahora el mundial no es tan mamarracho. Escribo esto después de vencer apretadamente a Holanda, el equipo más trepidante del mundo, desde que Camerún irrumpió en Italia 90.

Y nótese que digo “podemos ganar”, en el sentido de que usted y yo somos parte de esta heroica gesta ridícula. Es que, por lo menos para nosotros, a quienes nos gusta esa extraña actividad deportiva de gordos escupidores, el mundialucho se está poniendo bueno.

Nota 1: Este link es el más claro para seguir el laberíntico sistema del “clásico” para llegar a la final. Y aún así es difícil de entender.

Nota 2: Okey, Maglio es un jalabolas del gobierno. Pero también es un integrante de la selección de Venezuela. Hay que ser bien cabeza de huevo para pitarlo cuando va a batear por el equipo. Y después los gusanos criollos acusan a los chavistas de intolerantes.
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05 marzo 2009

Ni Clásico, ni Mundial, ni Béisbol

Por Jorge Sayegh

Nada tiene derecho a autodenominarse “clásico” antes incluso de su nacimiento. Los clásicos se forman con el tiempo, gracias a la costumbre, el reconocimiento ajeno, su capacidad ejemplar y sus aportes históricos. De otra manera sería pretencioso. Como vemos, comenzamos mal.

El interés de los jugadores estrellas y del público ha disminuido para esta segunda edición del Clásico Mundial de Béisbol y algunos especialistas dudan que se realice una tercera, así que no es un Clásico. Como se trata de un deporte popular en tan sólo un puñado de países tampoco podríamos decir que es Mundial y, de acuerdo a las variantes que tiene el reglamento particular de este campeonato, casi podríamos decir que ni siquiera es Béisbol.

Las reglas especiales del Clásico Mundial están contenidas en un boletín de ¡36 páginas! que ni sé donde conseguirlo, ni me interesa buscarlo, ni pensaría en leerlo, pero que Enrique Rojas, columnista de ESPN mucho más acucioso que yo y a quien le pagan por serlo, comenta en su blog.

La dinámica del calendario de este segundo torneo es diferente al primero (que, en sus grupos eliminatorios de cuatro equipos, fue similar al todos contra todos de la Serie del Caribe, que sí es un clásico).

Sucede que ahora se va a tirar una monedita antes de cada partido para definir quién juega como home club.

Existe la posibilidad de que en la eliminatoria nunca te toque jugar con uno de los equipos de tu grupo por el curioso sistema de: “el que pierda dos, se va”.

Paradójicamente, es muy probable que un mismo par de equipos tengan que medirse tres veces o más en el transcurso del campeonato.

Todo muy raro, pero lo más extraño, infantil y beisbolísticamente inaceptable es su regla para extra-inning y cito un fragmento de Rojas:

“Desde la entrada 13 el equipo a la ofensiva colocará corredores en primera y segunda, manteniendo intacto el orden al bate. Quiere decir que si un equipo tuvo el cuarto bate como último out de la entrada 12, arrancará el episodio 13 con el tercer bate corriendo en segunda base y el cuarto bate corriendo en primera y el quinto bate agotará su turno como correspondía en el orden.”

¡¿Qué güevonada es esta?! ¿Y si sigue empatado en el inning 14 van a eliminar jugadores de la defensa en cada entrada? ¡¿Y el que la bota la busca?!

Ya es difícil que el resto del mundo acepte como deporte esa millonaria actividad lúdica donde un público atiborrado de cerveza le grita improperios a unos gordos escupidores con un palo en la mano, para que ahora inventen que los gordos se materialicen de la nada en el medio del camino para que corran menos si tienen chance de anotar. ¿De verdad no es mamadera de gallo?

Pues nada. Este mundial curioso comienza ya adelantado en el Lejano Oriente con un grupo de afinados chinitos mientras que los occidentales seguimos calentando el brazo. Y los venezolanos en particular ni brazo para calentar tenemos, porque el cuerpo de lanzadores es la parte más débil de nuestro equipo y como dicen todos los que dicen que saben de este estratégico deporte de gordos gargajeros: “el pitcheo es la clave en series cortas”. Y en las largas y en las intermedias y cuando eres visitante y cuando eres local y en el último juego de la temporada, el pitcheo es la clave y punto. Así que, o esperamos que esta vez nuestros manganzones saquen la casta y nos sorprendan, a ver si los batazos le dan un matiz más noble al sinsentido de las banderas, o nos preparamos para un calvario de angustias con clima de nevera canadiense, porque apenas perdamos dos juegos se nos acaba la fiesta.
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